Duración y cuidados
¿Cuánto dura un implante?

En condiciones adecuadas, al menos diez años, y habitualmente más. Qué decide esa duración y cómo se cuida.

✓Controles de por vida✓Radiografías de control✓Garantía de 3 años

Cuánto dura un implante

En condiciones adecuadas de uso, un implante debiera durar al menos diez años. Ése es hoy el estándar para cualquier elemento que se implanta en el cuerpo, sean implantes dentales o de otro tipo.

Habitualmente duran bastante más. Pero a los diez años suele necesitarse algún grado de revisión, porque en ese tiempo cambiaron las condiciones de la persona: cambió el hueso, cambió la encía, cambió la mordida.

Y vale decirlo con todas sus letras: de todo lo que la odontología puede ofrecer para reponer dientes, no hay nada que dure más que un implante bien ejecutado.

Cómo es el tratamiento completo, de la evaluación a la prótesis, está en implantes dentales en Clínica Brenner.

Box de atención dental equipado
Sillón de pabellón equipado para procedimientos

Qué decide esa duración

Menos la técnica de lo que uno pensaría. Lo que más pesa son dos cosas que dependen del tiempo y de cada persona.

Los cuidados y los controles. Son la parte del tratamiento que no termina nunca, y es la que permite detectar a tiempo lo que, tomado tarde, deja de tener arreglo.

Los factores de riesgo propios de cada persona, que ninguna técnica puede modificar. Hay factores generales que tienen que ver con la capacidad de reparación del hueso: algunos fármacos como los bifosfonatos, déficits nutricionales, el cigarrillo. Todo lo que compromete la cicatrización del hueso en general termina viéndose en el hueso que rodea a un implante. Y pesa más en personas de biotipo fino, con hueso y encías delgados.

Además está la carga. El nivel de hueso que sostiene al implante se puede ir perdiendo de a poco por sobrecarga: cómo encajan los dientes al morder, el bruxismo, o una prótesis que no quedó bien ejecutada. Cuando hay más carga de la que el sistema puede manejar, siempre el punto más débil es el que acusa el problema — cede el hueso, o ceden los tornillos y las piezas de la prótesis. Por eso, si alguna vez te volvieron a apretar algo sin mayor explicación, o se te fracturó una porcelana y te la repusieron sin preguntar mucho más, eso era el sistema avisando.

Cada cuánto hay que venir

Hay quienes dicen que el tratamiento recién empieza cuando se instala la prótesis. Tiene sentido: es el primer momento en que todo lo que se fabricó se echa a funcionar de verdad, con carga real y uso real. Los controles posteriores son de las partes más importantes del tratamiento, porque es ahí donde se ajustan los problemas chicos que hayan quedado — y que sólo aparecen usándolo.

El ritmo depende de cada persona. Se clasifica en riesgo bajo, medio o alto según el estado de salud y la higiene, considerando entre otras cosas el grosor del hueso y de la encía.

Lo habitual es un primer control a los tres meses. Si todo está bien y la persona está bien adaptada, el siguiente puede ser a los seis meses o al año. Nunca más allá de un año. Esa disciplina —trimestral al principio, después semestral, a la larga anual— se mantiene de por vida. La cantidad de controles no es una cifra fija: son los que sean necesarios para que la persona quede bien resuelta y cómoda.

Box de atención dental con pantalla en la pared
Sala de radiografía dental con equipo panorámico

Qué se revisa en un control

En cada control se revisa que la mordida sea la adecuada, que la persona pueda mantener una buena higiene, y que la encía no esté inflamada. Se verifica que los tornillos no se hayan soltado y que ninguna pieza de la prótesis se haya saltado.

A partir de los seis meses se suman controles radiográficos, para ver los niveles de hueso alrededor del implante: que no se esté reabsorbiendo.

Cada una de esas cosas, si falla, termina afectando el hueso o la encía. Resolverlas a tiempo para que el nivel de hueso y la salud de la encía se mantengan en el tiempo: ésa es la clave de que un implante dure.

Las cuatro señales, entre control y control

Hay cuatro cosas que vale la pena guardar, porque son las que avisan a tiempo:

Un implante no duele. No se mueve. Los tornillos no se sueltan. Las encías no sangran.

Cualquiera de esas cuatro es motivo suficiente para consultar de inmediato. No para esperar el próximo control, no para ver si pasa solo. De inmediato, porque casi todo lo que puede salir mal con un implante es reversible si se toma a tiempo, y deja de serlo si no.

Y lo más probable, cuando se consulta temprano, es que tenga solución.

Mucositis y periimplantitis: por qué el tiempo lo cambia todo

Conviene distinguirlas porque suenan parecido y no son lo mismo, y la diferencia entre una y otra es, en buena medida, cuánto tiempo pasó.

La mucositis es cuando sólo la mucosa que rodea al implante está comprometida: hay inflamación en la encía, el hueso todavía no. La periimplantitis es cuando ya se perdió algo de hueso, y ahí la superficie del implante que queda expuesta se contamina con bacterias, lo que vuelve el tratamiento sumamente complejo.

Dicho de otro modo: lo mismo que se resuelve razonablemente bien en una etapa se vuelve un problema serio en la siguiente. Y lo único que separa una etapa de la otra es que alguien haya estado mirando. Eso es, en una frase, para qué sirven los controles.

Sillón de tratamiento junto a sala de procedimientos
Profesional realizando un procedimiento dental

La higiene en la casa

Partimos de algo que conviene decir sin rodeos: quien necesita implantes perdió sus dientes por alguna razón, y no siempre es la persona con más destreza para la higiene. Por eso empezamos por lo más simple: ojalá el cepillado habitual alcance para controlar la placa bacteriana.

De ahí en adelante, en ciertas zonas se va reforzando: cepillos interdentales, irrigador bucal, seda dental. Pero sin complicar la tarea más de lo necesario, porque cambiar los hábitos de un adulto es de las cosas más difíciles que hay.

Si en los controles se ve que la higiene no está alcanzando, eso es motivo para hacer controles más seguidos: a veces cada tres meses, en vez de cada seis o cada año.

Y en general, un implante no requiere más cuidado que un diente natural.

La garantía depende de esto

Vale decirlo sin vueltas porque está escrito en las condiciones: la garantía de tres años exige completar el tratamiento indicado y cumplir con los controles en los plazos comunicados por el profesional tratante, además de las indicaciones de higiene. Las condiciones completas están en garantía a nuestros pacientes.

Entrada y fachada de Clínica Brenner
Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan

¿Cuánto dura un implante dental?

En condiciones adecuadas, al menos diez años, que es el estándar para cualquier elemento que se implanta en el cuerpo; habitualmente bastante más. A los diez años suele necesitar algún grado de revisión, porque cambian el hueso, la encía y la mordida.

¿De qué depende que un implante dure?

Sobre todo de los cuidados y los controles, y de factores de riesgo propios de cada persona —como el cigarrillo o algunos fármacos— que ninguna técnica puede modificar. También de que la carga esté bien distribuida y la prótesis bien ejecutada.

¿Cada cuánto tengo que ir a control?

A los tres meses el primero. Si todo está bien, a los seis meses o al año, y nunca más allá de un año. Después se mantiene de por vida.

¿Qué se hace en un control?

Se revisa la mordida, la higiene, que la encía no esté inflamada, que los tornillos no se hayan soltado y que ninguna pieza se haya saltado. Desde los seis meses, además, radiografías para ver que el hueso alrededor del implante no se esté perdiendo.

¿Cómo se limpia un implante?

Empezando por lo simple: el cepillado habitual. En algunas zonas se refuerza con cepillos interdentales, irrigador bucal o seda dental. En general, un implante no requiere más cuidado que un diente natural.

¿Un implante puede doler?

No. Un implante no duele, no se mueve, los tornillos no se sueltan y las encías no sangran. Cualquiera de esas cuatro cosas es motivo para consultar de inmediato.

¿Qué pasa si me sangra la encía alrededor de un implante?

Es motivo de consulta. Si sólo está comprometida la encía —mucositis— se resuelve razonablemente bien; si ya se perdió hueso —periimplantitis— el tratamiento es mucho más complejo. Lo que separa una etapa de la otra es el tiempo.

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